1916, dadá. 1957, situacionismo. 1977, punk… ¿Y ahora qué? ¿Punk 2.0? ¿Un buen sillón para ser testigos de la crisis sin derecho a intervención? Mientras las editoriales españolas editan manuales sobre la revolución por venir y la música se mira el ombligo, encuestamos a escritores, artistas, teóricos… ¿Cuál será la próxima revuelta?
En Estados Unidos hay más presos que campesinos. Casi la mitad de los españoles no han leído un libro en su vida. Un tercio afirma «sentirse perdido» sin la televisión. El asesor mundial más competente en pacificación urbana es el Ejército de Israel. Uno de cada dos jóvenes practica la borrachera extrema una vez por semana. Entre los adultos, dos de cada diez están enganchados a los tranquilizantes…
La política rebajada a trapicheo y desierto moral, ofreciendo un diálogo falso. La cultura sintetizada en pasarela de moda. El Espectáculo y su golpe maestro: la difusión planetaria y en tiempo presente de la Tontería. El ciudadano atenuado hasta ser compatible con el Imperio. Teme a tu vecino como a ti mismo. Ejerce el derecho de permanecer a una distancia segura del otro.
Mientras tanto, la vida desfallece y ya no somos los mismos. Nos castraron y ahora nos arruinan. En Francia, los babylosers (bebés perdedores), hijos de la generación de Mayo del 68, han visto que el paro entre los licenciados universitarios asciende hasta el 30%. En Grecia, el salario medio entre los jóvenes es de 700 euros. En Alemania la clase media está evaporándose: en 2000 era el 62% de la población; ahora, el 54%; en 2020, según calculan, andará por el 50%. En EE UU ven venir el mismo fenómeno y Obama ha creado la Middle Class Task Force.
En España, donde 20 de cada 100 parados tienen menos de 25 años, la situación es parecida o peor. El sueldo medio anual era de 16.700 euros en 1995. Para sobrellevar la inflación de la última década, debería ser ahora de 24.000. ¿La realidad? La mitad de los españoles gana menos de 15.760 euros al año y el 70% está endeudado. Algunos experimentan por primera vez el terror del vacío.
El filósofo esloveno Slavok žižek, el Elvis de la Teoría Cultural, adivina en la abstención y el silencio con que se responde a la crisis una redentora actitud similar a la de Bartleby, el personaje de Melville cuyo sereno lema, «preferiría no hacerlo», le conduce al desentendimiento y la muerte por inanición. Dice žižek: «Mejor no hacer nada que implicarse en actos localizados cuya función última es hacer funcionar más suavemente el sistema».
Algo parecido, pero más existencial (la vida misma entendida como «campo de batalla»), propone el filósofo catalán Santiago López Petit: «Nosotros no necesitamos para nada conocer la realidad. La verdad en la que habitamos —nuestra verdad— no se desprende de ningún conocimiento, sino de un sentimiento de rabia (…). El rechazo total del mundo coincide con el odio a la vida. Más concretamente: con el odio a mi propia vida».
¿Es el desapego lo que se tercia? ¿Es no hacer nada lo más violento que puede hacerse? O, al contrario, debemos pensar, como opinan los anónimos agitadores franceses del Comité Invisible, que «nada parece menos probable que una insurrección, pero nada resulta más necesario». O, como diría el siempre necesario Brecht: «¿Qué es el robo de un banco comparado con la fundación de un nuevo banco?».
Sushi para todos
Siempre predictora y vanguardia de lo que está por venir, la música permanece groseramente ajena a la peor crisis de los últimos 60 años. ¿Cuál es el sonido de la recesión, las unidades familiares con ingresos cero y la apatía generalizada? Por lo visto, la misma que la de los años del viva la vida, los Aston Martin y el sushi para todos.
Al contrario, la tinta sí parece estar en ebullición. Algunas de las editoriales españolas más animosas acaban de publicar breviarios suficientes como para encauzar tanto reguero de solitaria rabia. Algunos, como todo buen manual de guerrilla, son anónimos. La insurrección que viene (Melusina, 10 euros), que firma el Comité Invisible, advierte que la recesión no es cosa nueva, porque «la crisis es una manera de gobernar», la «gestión infinita» de una derrota, y la verdadera enfermedad está en la extensión de Occidente como «cultura universal» por la fuerza.
La idea del Imperio que tienen los invisibles es radiológica y duele como si te la arrancaran en una sesión de tortura en la que declarases tu propia y culpable decadencia: «Occidente es hoy (…) una joven que busca la felicidad entre la ropa, los tíos y las cremas hidratantes (…) Es un español al que le da bastante igual la libertad política desde que se le garantiza la libertad sexual. Es un aficionado al arte que presenta ante un público pasmado de admiración, y como última expresión del genio moderno, a un siglo de artistas que, del surrealismo al accionismo vienés, rivalizan por el escupitajo más certero a la cara de la civilización».
Estamos hechos trizas y la única rebeldía es promover «actos incívicos» que confluyan en una «guerrilla difusa» que nos despierte. ¿Un escenario posible? «Los archivos que contienen la dirección personal de todos los policías y gendarmes, así como de los empleados de la Administración penitenciaria, acaban de filtrarse, provocando una ola sin precedentes de mudanzas precipitadas».
También llama a la rebeldía sin nombre López Petit en La movilización global. Breve tratado para atacar la realidad (Traficantes de sueños, 12 euros). «El hombre anónimo no es un hombre cualquiera, es alguien que posee el secreto de la fuerza del anonimato», afirma. Sin esperar nada y sin esperanza, pero con las manos libres del que nada pierde, el anónimo puede fundar «tierras de nadie» desde las cuales ejercer «una política nocturna cuyo objetivo es único y siempre el mismo: atacar la realidad. Atacar la realidad para poder respirar».
El capitalismo «es tristeza»
Llamamiento y otros fogonazos (Acuarela, 12 euros) nació como un panfleto colectivo autoeditado en París en 2003 en los contornos de la revista de agitación Tiqqun. El capitalismo «es tristeza», dicen, y «la cuestión no es vivir con o sin dinero, robar o comprar, trabajar o no, sino utilizar el dinero que tenemos para acrecentar nuestra autonomía en relación con la esfera mercantil».
¿Está llamando a la puerta un nuevo punk aún sin bautizar o estamos tan dormidos que ya no podemos ni siquiera imaginar dónde comienza una insurrección? ¿Habrá una bestia hambrienta aguardando en el umbral de la sociedad del bótox y los coolhunters? ¿Conviene ir preparando los adoquines o las armas serán otras?
Hemos remitido 20 preguntas a un grupo de creadores y pensadores españoles. Queremos saber cómo adivinan el futuro que nos espera en un mundo en ruinas. Continuar leyendo ‘No nos moverán [del sillón]‘



Muchos observadores hicieron oír sus voces, con razón, contra la represión, pero lo hicieron limitándose en general a concentrar las críticas sobre el ministro de Interior, en campaña para las elecciones presidenciales de 2007. Es evidente que su dimisión, por sí sola, no resolvería los problemas de los suburbios. Las provocaciones de Sarkozy –que pretendía limpiar “con mangueras de agua a presión” las calles de la “inmundicia” que “las contamina”–, se consideraron como insultos –que es lo que son– por los habitantes de las ciudades satélite, y también como una manifestación de odio contra los pobres. Son las clases populares en su conjunto, todos los que sufren y resisten a la ofensiva destructiva del neoliberalismo, quienes se sintieron aludidos.
















