68 México

Hoy el movimiento del 68 es un fantasma mexicano más, de los muchos fantasmas irredentos e insomnes que pueblan nuestras tierras. Puede ser que este fantasma, por joven, aún goce de buena salud y acuda normalmente al auxilio de nuestra generación cada vez que se apela a su presencia. San Francisco de Asís de nuestras dudas, san Che Guevara de nuestras emociones, san Philip Marlowe de nuestras pesquisas, santa Jane Fonda de nuestras ansiedades. El 68 parece no sólo haberse instalado en la fábrica de nostalgias que opera en nuestras cabezas, compartiendo lugar y tonadas con Leonard Cohen y los poemas de Blas de Otero, sino que produjo gasolina épica para alimentar 20 años de resistencias. Nos conservó tercos en terriorio de sumisiones, nos puso en la boca de No, y me vale madre lo que pase, centenares de veces. Nos alimentó decenas de desempleos, nos dejó andar por el mundo vendiendo nuestra fuerza de trabajo y la menor parte posible de nuestras almas, nos protegió de las tentaciones del poder, nos alejó del beso envenenado del estado mexicano. O por lo menos, nos creo la referencia inevitable y útil para el orgullo, la culpa y la comparación.

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Pero también hay días en que me veo a mí mismo y no me reconozco. Son tiempo malos, en que la noche se prolonga del día lluvioso, el sueño no llega y peleo inútilmente con el teclado de la computadora. Y entonces descubro que parecemos condenados a ser fantasmas del 68. Y bueno, ¿cuál es la bronca? Mucho mejor condes Dráculas de la resistencia, que monstruos priístas de Frankenstein o de la modernidad, me digo. Y entonces, saco chispas sin gracia de las teclas, bengalitas, recuerdos que a veces duelen y las más levantan la sonrisa; y añoro aquel sentido del humor, extraño esa perdida intensidad para tener miedo de las sombras, aquella sensación de inmortalidad, ese otro yo de aquel interminable año.

Paco Ignacio Taibo II

~ por smercados en 3 Julio 2008.

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