Figuren

20 05 2008

Aquellos días, en que era un musulmán, no puedo olvidarlos. Estaba débil, exhausto, con un cansancio de muerte. Mirase donde mirase, veía algo de comer. Soñaba con pan y sopa, pero nada más despertarme tenía un hambre insoportable. Las raciones de pan, 50 gramos de margarina, 50 gramos de mermelada, cuatro patatas cocidas con toda la cáscara, que habíamos recibido la tarde anterior, eran ya cosa del pasado. El jefe del barracón y los otros internados que tenían algún cargo, arrojaban las cáscaras de las patatas y a veces hasta una patata entera; los espiaba a escondidas y buscaba las cáscaras entre los desperdicios para comérmelas. Las untaba de mermelada y estaban verdaderamente buenas. Un cerdo no se las habría comido, pero yo sí, las masticaba hasta que sentía la arena en los dientes…

Lucjan Sobieraj

03 06 2008

Personalmente fui un musulmán durante muy poco tiempo. Recuerdo que después de ser llevado al barracón me derrumbé completamente desde el punto de vista psíquico. El derrumbe se manifestó de la siguiente forma: fui presa de una apatía general, nada me interesaba, no reaccionaba ya ni a los estímulos externos ni a los internos, había dejado de lavarme, y no sólo por falta de agua, sino incluso cuando tenía ocasión de hacerlo, ni siquiera sentía el hambre…

Feliksa Piekarska

03 07 2008

Soy un musulmán. Trataba de protegerme del peligro de la pulmonía, como los demás compañeros, con la característica posición encorvada, estirando lo más posible los omóplatos y moviendo paciente y rítmicamente las manos sobre el esternón. Así me calentaba cuando los alemanes no miraban. A partir de aquel momento vuelvo al Lager a cuestas de los compañeros. Pero los musulmanes somos cada vez más…

Edward Sokol

06 07 2008

También yo fui un musulmán, desde 1942 hasta principios de 1943. No era consciente de serlo. Y creo que muchos musulmanes no se daban cuenta de que pertenecían a esta categoría. Pero al dividir a los internados me pusieron en el grupo de los musulmanes. En muchos casos, era el aspecto de los internados lo que decidía que los inscribieran en este grupo…

Jerzy Mostowsky

17 01 2009

Quien no ha sido el mismo durante algún tiempo un musulmán, no puede imaginarse hasta qué punto eran profundas las transformaciones psíquicas que sufría un hombre. Uno se hacía en tal medida indiferente a su propia suerte que ya no se quería nada de nadie y se esperaba en paz la llegada de la muerte. Ya no se tenían fuerzas ni ganas para luchar por la supervivencia cotidiana; nos bastaba con el hoy, uno se contentaba con la ración o con lo que encontraba entre los desperdicios…

Karol Talik

05 02 2009

… En general se puede decir que entre los musulmanes había exactamente las mismas diferencias que hay entre los hombres que viven en condiciones normales; quiero decir diferencias físicas o psicológicas. Las condiciones del Lager hacían, eso sí, que estas diferencias se hecieran más evidentes, y con frecuencia éramos testigos de cómo se invertían los papeles entre los factores dísicos y los ´psíquicos.

Adolf Gawalewicz


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